martes, 10 de enero de 2017

La calma y el oro por Marialy

Ay de aquellos días en que la calma valga más que el oro, porque son obsesivos como el pan y el vino en una mesa de pocos lujos. Para entonces los ojos cambian las realidades y las pasiones se vuelven reales, tan amadas por inmortales como por mortales. Es en ese momento cuando se puede contemplar como nace una flor y sonreír sinceramente. Pero no penséis que eso ha hecho aquella tierna y tibia mirada, pues esta perdida como se perdieron sus sentidos y ahora encuentra hadas y mariposas en su camino. Ay de aquel que le dirija la palabra, no obtendrá más que incoherencias y perderá el respeto por su cordura.

-Lo mejor es llevarla al campo- dijo una anciana sentada en un puente, - pues ahí la naturaleza se encarga de limpiar lo que la tecnología ha contaminado, si es que todavía queda esperanzas.

Digo esto para que todos los que sufren de miedos no contemplen la posibilidad del olvido y mucho menos de desear lo que no se debe.

-Pero entonces no entiendo, dices que la calma vale más, pero que no se puede desear más que el oro.

-Ni la calma ni el oro son fruto de la acción querida, porque en la calma se cierran los ojos y en el oro también.

-Estas mintiendo- dijeron aquellos ojos inocentes pero con ira de comprensión.-Todo aquel que busque en la calma, motivo para la felicidad, puede o no, desear el oro y puede tenerlo o añorarlo, porque el que camina con calma puede que se lo lleve un río tormentoso, pero jamás perderá su equilibrio y podrá ver la belleza en el movimiento como se ve la acción en la vida.

Tras aquellas palabras todos quedaron perplejos, desde el principio no entendieron el motivo de dicha conversación. Algunos encontraron un significado, otros la esfumaron como cuando cae la arena en el mar. Pero la verdad era que se había perdido el objetivo principal de la enseñanza a la que se quería llegar, así que todos olvidaron y se dispusieron a continuar sus tareas.

Marialy

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